“Garfio” es un cuadro con pinzas de cangrejo ermitaño, recolectadas en playas del Mediterráneo tras fuertes temporales de invierno. Esta obra nace del silencio de esas caminatas solitarias, cuando la costa queda desierta y el mar, aún agitado, deja en la orilla fragmentos de vida marina.
Las pinzas y exoesqueletos que forman esta pieza pertenecieron a cangrejos ermitaños que habitaron caracolas hoy vacías. Al morir, sus restos quedaron a merced del oleaje. La sal, el viento y el paso del tiempo los erosionaron hasta convertirlos en pequeñas esculturas naturales. No se trata de restos comprados ni tratados. Son hallazgos reales, recogidos con respeto y cuidado en playas solitarias. Cada fragmento mantiene su forma original. Las texturas rugosas, las puntas oscuras, los tonos oxidados, beiges y marrones moteados, conservan la memoria del mar.
Esta obra forma parte de mi colección de arte costero , un conjunto de piezas que dialogan con la materia, el tiempo y la huella del mar.
Este cuadro con pinzas de cangrejo está montado sobre fondo blanco, enmarcado en madera clara. El contraste entre lo salvaje y lo delicado crea una pieza serena, con fuerza.
Medidas: 21 × 3 × 21 cm (con marco).
Está pensado para quienes valoran lo imperfecto, lo erosionado, lo auténtico. Para quienes sienten afinidad con la costa más cruda y los fragmentos que el mar deposita sin aviso.
En un mundo de objetos producidos en serie, esta obra invita a detenerse. No hay dos pinzas iguales. Cada forma, color y desgaste son únicos.
